Macri y Carrió: a cuatro años de un acuerdo que parecía imposible

Nacionales 07 de enero Por
El inicio de las negociaciones secretas, desde el verano del 2014 hasta la foto del 2015. El rol de un empresario, ahora diputado. La charla a solas en una casona de la zona norte del Conurbano bonaerense. El límite de Franco Macri y las presiones para no incluir a Sergio Massa
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La tarde en que Mauricio Macri y Elisa Carrió llegaron a esa casona deshabitada de la zona norte de la provincia de Buenos Aires, a media hora del centro porteño, no habían hablado nunca a solas, mano a mano, en profundidad.

Estuvieron solos, a puertas cerradas, en el living de esa casa, durante más de una hora. Afuera esperaban Emilio Monzó y Javier Campos Malbrán. Cuando la puerta se abrió, la que habló fue "Lilita". "Listo. Vamos a ir juntos. Pero (Sergio) Massa está afuera, y no quiero saber nada con el narcotráfico y el juego", pidió. Y siguió: "En unos meses el establishment va a pedir por Massa, pero este señor me dio su palabra de que no va a venir", dijo mientras señalaba a Macri.

Recién empezaba el 2015. El fiscal Alberto Nisman aún no había aparecido muerto en su departamento de Puerto Madero. Pero el acuerdo, impensado e imposible un par de años atrás, se había empezado a gestar un año antes.

Campos Malbrán, empresario inmobiliario con participación en alguna radio y electo diputado en las últimas elecciones legislativas, pasó buena parte de su adolescencia en el colegio Cardenal Newman, pero terminó sus estudios secundarios en otro establecimiento. El día que Macri lo recibió en su despacho de la Jefatura de Gobierno en Bolívar 1, esa calurosa mañana de verano del 2014, recordó tibiamente aquellos años. Nunca habían sido parte del mismo grupo de amigos. Se veían más por esos días en los pasillos del edificio de la avenida Libertador: Campos Malbrán vivía en el piso de arriba del jefe de Gobierno porteño, aunque apenas cruzaban palabras.

El empresario llegó acompañado por Monzó, otro de sus vecinos en un barrio cerrado de Luján, con quién solía analizar el escenario político, y con quien diagnosticó en profundidad que la única opción viable de poder era aglutinar a la oposición no peronista, o al menos a gran parte de ella. Le repitió el mismo repertorio a Macri, que por esos días la política lo aburría mucho más que ahora, en su oficina con vista a la Plaza de Mayo. El jefe de Gobierno fue sincero: "Carrió no me atiende el teléfono". Campos Malbrán se ofreció de mediador. En abril de ese año publicaría una columna premonitoria en el diario La Nación. La tituló "Comenzar de nuevo".

El empresario, clave en el acercamiento personal entre Macri y la líder de la Coalición Cívica, no la había visto en su vida. Se anotó en uno de los cursos del Hannah Arendt. Participó de unas cuantas clases del instituto, sobre la calle Vicente López. Se sentaba solo entre el resto de los alumnos. Escuchaba a Carrió. En el entorno de la diputada hasta llegaron a pensar que era de los servicios de inteligencia.

Al final de una de las clases, Campos Malbrán le pidió una reunión a Carrió. Se sentaron un par de días después. Hubo un almuerzo en su departamento de la avenida Santa Fe, en Palermo. El empresario le explicó lo que había hablado con Macri. "Lilita" lo cortó en seco: "Franco Macri es mi límite". ¿Cómo iba a confluir en un frente común con el hijo de uno de los mayores exponentes de la patria contratista que había investigado por años? El archivo era inapelable.

En el 2003, Carrió había dicho que Macri era uno de los "empresarios ligados al robo del país". En el 2008 fue un poco más suave: lo calificó solo de "incompetente". "You are stupid?", le dedicó una noche en el programa Desde el llano, de TN. En octubre del 2013, unos meses antes de la gestación de la alianza que terminaría con Macri en la Casa Rosada, "Lilita" volvió a cargar contra el PRO durante un debate de candidatos legislativos, frente a Juan Cabandié y Sergio Bergman. Cambiemos todavía no estaba en los planes de nadie. "Ellos no luchan contra la corrupción", se diferenció del rabino después de denunciar con nombre y apellido los negocios porteños del "juego y la obra pública" ligados a empresarios del riñón del líder del PRO.

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