
Prevención de violencia en escuelas: el modelo brasileño que contrasta con Argentina
Thomas DortoneMientras Argentina enfrenta una serie de amenazas y episodios de violencia en escuelas sin un sistema unificado de respuesta, Brasil construyó en los últimos dos años una arquitectura estatal de prevención basada en inteligencia digital, coordinación federal y control de contenidos online.

El punto de inflexión en Brasil fue la crisis de 2022-2023, cuando el país registró 36 ataques a escuelas, con 49 muertos y más de 100 heridos. La magnitud del fenómeno obligó al Estado a diseñar una respuesta estructural y no reactiva.
El primer eje del sistema fue la creación del Sistema Nacional de Acompañamiento y Combate a la Violencia en las Escuelas (SNAVE), impulsado por el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva. La norma estableció protocolos de prevención, capacitación docente, respuesta a emergencias y asistencia psicosocial, con coordinación entre distintos niveles del Estado.
El segundo pilar fue el fortalecimiento del Laboratorio de Operaciones Cibernéticas (Ciberlab), dependiente del Ministerio de Justicia de Brasil, que trabaja en conjunto con agencias internacionales como el FBI y Homeland Security. Este equipo monitorea redes sociales, detecta amenazas y permite activar respuestas tempranas.
A esto se suma la Agencia Brasileña de Inteligencia (ABIN), que elaboró un informe reservado sobre extremismo violento en entornos digitales, y la regulación de plataformas tecnológicas, con facultades para exigir la eliminación de contenido que incite a ataques escolares.
El sistema también incorporó cooperación internacional y entrenamientos conjuntos con Estados Unidos, además de canales de denuncia ciudadana y monitoreo permanente de redes sociales.
El impacto fue inmediato: en 2024 los ataques bajaron a cinco casos, frente a los 12 del año anterior. Sin embargo, especialistas advierten que el riesgo no desapareció, sino que se gestiona con mayor capacidad de anticipación.
El modelo brasileño se apoya en el concepto de “señales de alerta” en entornos digitales, donde la radicalización suele ocurrir en comunidades online que glorifican la violencia escolar. La detección temprana de esos indicios es clave para intervenir antes de que ocurra un ataque.
Casos como Realengo (2011), Suzano (2019) y Blumenau (2023) marcaron hitos en la construcción de este sistema, al exponer un patrón de violencia que se replicaba y se inspiraba en ataques anteriores o en comunidades digitales.
En contraste, especialistas señalan que países como Argentina aún no cuentan con un esquema integral de prevención, lo que deja a las instituciones en una posición más reactiva que preventiva frente a este tipo de amenazas.
El caso brasileño, aunque no elimina el riesgo, muestra un cambio de paradigma: pasar de la respuesta posterior al ataque a la detección temprana y gestión del riesgo como política de Estado.


Día mundial del Ovni. No estamos solos. “No estamos preparados para recibir a seres de otros planetas”

Por el Mes de la Amistad, Luz y Aroma Deco ofrece descuentos en talleres para aprender a hacer velas y jabones


Evelin Milanovsky impulsa “Pedal Social Club”: una comunidad para conectar a través de la bicicleta
