
SIN UN 9 DE JERARQUÍA, CENTRAL PAGÓ CARO SU MAL MERCADO DE PASES Y SE QUEDÓ AFUERA DE LA COPA
Lucia Gonzalez
Quizás resumir toda una serie en una sola jugada sea injusto. Pero cuando el partido decisivo se define por detalles, las oportunidades que aparecen hay que convertirlas. Central tuvo la clasificación en los pies de Copetti y el delantero volvió a fallar una situación clara. El equipo terminó pagando carísimo su falta de contundencia.
El problema, en realidad, viene desde mucho antes. Central necesitaba reforzar la posición de centrodelantero y el mercado de pases no encontró una solución a la altura de las exigencias. Se incorporó a Tomás Badaloni, pero el equipo siguió sin encontrar en el área ese jugador capaz de transformar una ocasión en gol cuando la camiseta y la competencia pesan más.
Y ahí la responsabilidad no puede recaer solamente en los futbolistas. La comisión directiva también deberá hacerse cargo de un mercado de pases que quedó muy por debajo de lo que exigía el desafío. Si el objetivo era competir en la Copa Libertadores, no alcanzaba con sumar nombres o completar el plantel. Central necesitaba jerarquía, especialmente en puestos determinantes, y esa jerarquía no llegó.
La eliminación frente a Corinthians expone todavía más esa decisión. Porque el equipo tuvo una oportunidad concreta de avanzar y terminó quedando afuera por detalles. En esos partidos, los buenos equipos necesitan jugadores capaces de resolverlos. Central no los tuvo y la dirigencia tampoco consiguió incorporarlos.
En la Copa no alcanza con jugar bien. Hay que convertir y Central no convirtió. Almirón sostuvo después de la eliminación que su equipo mereció ganar tanto en Rosario como en Brasil. “Merecimos ganar de local y hoy también. Nunca estuvimos tan cerca de pasar a la siguiente fase”. El entrenador destacó el funcionamiento y entendió que una sola jugada terminó marcando la diferencia.
Pero justamente ahí aparece otra de las grandes responsabilidades que deberá asumir la conducción. La comisión decidió sostener el ciclo de Jorge Almirón cuando el proyecto ya estaba en agonía, cuando el equipo era cuestionado por su funcionamiento y cuando desde las tribunas empezaban a aparecer señales cada vez más fuertes de disconformidad. La gente ya le había bajado el pulgar al entrenador y, aun así, se eligió continuar.
No se trata de responsabilizar exclusivamente a Almirón por una eliminación. El entrenador tiene su cuota de responsabilidad, pero también la tienen quienes decidieron sostenerlo y quienes conformaron el plantel. Central llegó a esta serie con un equipo que, durante buena parte del torneo, se mostró previsible y demasiado dependiente de que Campaz o Di María aparecieran para destrabar los partidos.
Y cuando esos futbolistas no están en su mejor versión, el equipo queda demasiado expuesto. Eso volvió a suceder ante Corinthians. Campaz y Di María estuvieron lejos de sus mejores noches, Copetti no pudo aprovechar la oportunidad más clara y Marco Ruben ingresó demasiado tarde para intentar cambiar la historia.
El equipo, además, volvió a cometer errores que en este nivel se pagan carísimo. Una falta innecesaria de Coronel, con el rival de espaldas, terminó siendo el comienzo de la jugada que derivó en el gol de Corinthians. Una pérdida de marca y una pelota parada fueron suficientes para que el conjunto brasileño sacara ventaja y después defendiera el resultado.
Del otro lado, lo mejor de Central estuvo en Navarro, Franco Ibarra y Ovando, jugadores que sostuvieron al equipo desde otros lugares, pero que no pudieron solucionar el déficit principal. Porque el problema estaba arriba. Faltó gol, faltó contundencia y faltó ese futbolista capaz de asumir la responsabilidad cuando la pelota quema.
Central necesita gol y, sobre todo, necesita un 9 de jerarquía. El mercado de pases vuelve a quedar bajo la lupa porque, si el objetivo era competir en la Libertadores, la falta de una referencia ofensiva confiable resulta todavía más difícil de entender. No se puede pretender avanzar en una competencia de este nivel dependiendo de que Campaz, Di María o algún mediocampista aparezca para resolver lo que los delanteros no están pudiendo hacer.
Pero tampoco se puede analizar esta eliminación sin mirar las decisiones tomadas desde la conducción. La comisión tuvo la posibilidad de fortalecer al plantel y eligió no hacerlo en los lugares donde Central más necesitaba jerarquía. También tuvo la posibilidad de tomar una decisión sobre el ciclo de Almirón cuando las señales eran evidentes y eligió sostenerlo.
Ahora, con la Copa afuera del alcance, esas decisiones quedan expuestas con mucha más claridad.
Central tuvo dos partidos para eliminar a Corinthians. Tuvo momentos favorables, manejó pasajes de ambos encuentros y generó las condiciones para soñar con la clasificación, pero no concretó. Y cuando no convertís, quedás afuera.
La eliminación duele porque la sensación es que Central dejó escapar una oportunidad que estaba a su alcance. No fue ampliamente superado por Corinthians ni quedó expuesto durante los 180 minutos. Quedó afuera por detalles, por errores propios y, principalmente, por no tener la contundencia necesaria.
Ganar una Libertadores no sucede de la noche a la mañana. Central necesita acostumbrarse a jugar estas competencias, a atravesar noches como esta y a aprender de ellas. Pero para dar ese salto necesita decisiones acordes al desafío. Y una de ellas parecía evidente desde el comienzo, traer un delantero de jerarquía.
La otra también exigía una decisión dirigencial, definir si Almirón era realmente el entrenador indicado para conducir este proceso. Se eligió sostenerlo cuando el ciclo estaba en agonía y se eligió un mercado sin los refuerzos de jerarquía que la competencia demandaba.
Ese delantero no llegó, Copetti volvió a fallar y Central volvió a quedarse sin gol. La comisión deberá explicar sus decisiones, Almirón deberá responder por las suyas y el equipo deberá aprender de una eliminación que, más allá del dolor, vuelve a poner sobre la mesa las mismas falencias que Central arrastra desde hace meses.
La Copa, otra vez, terminó demasiado pronto.


FEROZ AGRESIÓN EN LA SANLORENCINA: UN JUGADOR LE PEGÓ AL ÁRBITRO TRAS VER LA ROJA, FUE DETENIDO Y EL PARTIDO TERMINÓ SUSPENDIDO

NEWELL’S VA POR LA RECUPERACIÓN ANTE DEFENSA Y JUSTICIA Y BUSCA ROMPER SU MALDICIÓN EN FLORENCIO VARELA

Se quiere comer al Tiburón: Central enfrenta a Aldosivi por la cuarta fecha del Torneo Clausura.

Timbuense se prepara para una noche histórica: recibirá a Newell’s por los cuartos de final de la Copa Santa Fe
