DÍA MUNDIAL DEL COSTURERO: CUANDO REPARAR UNA PRENDA TAMBIÉN SIGNIFICA DISEÑAR, CREAR Y DARLE UN TOQUE PROPIO

María Cristina Manchuqui es diseñadora de indumentaria y costurera. En el Día Mundial del Costurero, contó cómo vive su oficio, qué arreglos le piden con más frecuencia y cuánto cuesta mantener un taller de costura.
14 de octubre de 2026Thomas DortoneThomas Dortone

Escucha la nota completa. Click acá

Cada 14 de octubre se celebra el Día Mundial del Costurero, una fecha para reconocer el trabajo de quienes, con paciencia y creatividad, reparan prendas y permiten que muchas personas sigan usando su ropa. María Cristina Manchuqui, diseñadora de indumentaria y costurera, disfruta de comenzar cada día en su taller, donde busca que cada arreglo quede impecable.

WhatsApp Image 2026-10-14 at 5.54.34 PM

Cristina se recibió de diseñadora de indumentaria en la escuela de Roberto Piazza en 2004. Aunque no ejerce específicamente esa profesión, asegura que su formación y su gusto por la moda están presentes en cada trabajo que realiza. Le gusta combinar colores, actualizar las prendas y darles un toque propio.

Cuando una prenda llega con una rotura o necesita un remiendo, su objetivo es que el arreglo no se note. En lugar de limitarse a reparar el problema, busca integrarlo al diseño y darle un detalle que haga que la ropa incluso quede mejor. A esa tarea la llama “adornarla”. La satisfacción del cliente es una de sus prioridades y, según contó, recibe elogios de quienes confían en su trabajo.

Entre los arreglos que más le solicitan últimamente se encuentran los ajustes de prendas compradas a través de plataformas de venta online como Shein y Temu. Como los talles pueden diferir de los habituales, muchas personas necesitan achicar o agrandar la ropa para adaptarla a su cuerpo.

Sin embargo, sostener un taller de costura también implica afrontar gastos importantes. Manchuqui explicó que la reparación de una máquina puede costar entre $200.000 y $250.000, mientras que un mantenimiento ronda los $150.000.

Además de las cuestiones económicas, la costurera destacó el valor afectivo que muchas personas les dan a sus prendas. Especialmente entre los adultos mayores, es habitual que exista un vínculo con determinada ropa y que, por eso, prefieran arreglarla antes que reemplazarla por otra, incluso cuando comprar algo nuevo puede resultar accesible.

Para Cristina, cada arreglo representa mucho más que solucionar una rotura: es una oportunidad para combinar técnica, creatividad y dedicación, con el objetivo de que la prenda vuelva a usarse y el cliente quede conforme.