El desafío de las bioimpresoras 3D: imitar la piel humana para trasplantes

Ciencia y Tecnología 10 de julio de 2018 Por
Un equipo de científicos españoles avanza en el desarrollo de una “super impresora” que puede replicar la estructura natural de la epidermis y la dermis.
Piel artificial

TN TECNO: En 2017, científicos españoles dieron a conocer un prototipo de bioimpresora 3D capaz de crear piel humana "totalmente funcional" y apta para ser usada en investigación, probar con productos cosméticos, fármacos y químicos. La idea apuntaba a, en un futuro, lograr que sea trasplantada a pacientes. Ahora, dieron un paso más en esa dirección.

Un equipo multidisciplinario de la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M), dirigido por José Luis Jorcano y Juan Francisco Cañizo diseñó una bioimpresora "más robusta, más versátil, reproducible y precisa" que la anterior, con la que se podrá hacer piel "más compleja y progresivamente más parecida a la humana".

El primer prototipo podía replicar la estructura natural de la piel con una primera capa externa, la epidermis, junto a otra más profunda y gruesa, la dermis. Ahora, explica Jorcano, se ha dado un paso más: "En un plazo relativamente corto creemos que seremos capaces de producir piel con moléculas importantes, como el ácido hialurónico, con diferentes tipos de colágenos y elastina", que le dará resistencia.

Además, la piel también tiene estructuras, como los folículos pilosos o las glándulas sudoríparas, que son muy complejas y que, aunque costarán más reproducirlas, esta máquina ya puede empezar a desarrollarlas.

Cóctel biológico:
Para poder hacer todo esto es necesario un "cóctel biológico" de células, proteínas y factores de crecimiento, que constituyen lo que se llaman biotintas. Éstas, en lugar de cartuchos de tinta como en las impresoras ordinarias, se colocan en jeringas.

La deposición de las biotintas, patentadas en España, está controlada por computadora y se hace en una placa que luego va a la incubadora a 37 grados.

Los componentes son los mismos que para la creación de piel hecha a mano, pero adaptados a la bioimpresora, que, en definitiva, intenta automatizar un proceso que se puede hacer a partir de piel autóloga -creada a partir de células del propio paciente para usos terapéuticos, como en quemaduras graves- o piel alogénica, a partir de cualquier persona donante -mejor para testar químicos.

En ambos procesos hay que extraer las células del paciente/donante a través de una pequeña biopsia, cultivarlas en el laboratorio y conseguir su multiplicación. El proceso hasta tener la piel artificial puede durar dos o tres semanas, depende de su uso.

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