
La industria textil santafesina atraviesa su momento más delicado tras un año y medio de caída
Lucia Gonzalez
El malestar es generalizado entre los fabricantes locales, que advierten que la rentabilidad se volvió prácticamente inexistente. “Hoy producir resulta más caro que la propia inflación”, señalan desde el sector, donde muchas plantas trabajan muy por debajo de su capacidad instalada para evitar cierres definitivos.
Según referentes de la Cámara de Productores Textiles de Santa Fe, entre ellos su vicepresidente Lucas Ormaza, actualmente numerosas fábricas operan apenas al 30% de su potencial. En una provincia con fuerte tradición industrial, establecimientos que supieron ser motores del empleo regional hoy sostienen solo una parte mínima de sus líneas productivas como estrategia de supervivencia.
Importaciones y presión de costos
Uno de los principales factores que agrava la situación es el avance de productos importados comercializados a través de plataformas internacionales. Los industriales advierten que se trata de una competencia desigual, ya que esos productos ingresan al mercado sin afrontar la carga impositiva y los costos operativos que sí recaen sobre las empresas locales. Esta diferencia permite que las prendas importadas se ofrezcan hasta un 40% más baratas, afectando directamente a la producción santafesina.
A este contexto se suma una estructura de costos que no deja margen de maniobra. Las tarifas de energía eléctrica, los alquileres logísticos y la presión tributaria se ubican por encima de la evolución del nivel general de precios, lo que vuelve inviable competir con países que producen a gran escala, como China, sin un alivio en los costos fijos.
Rentabilidad negativa y riesgo para el empleo
Históricamente, la industria textil operó con márgenes de rentabilidad que oscilaban entre el 5% y el 12% anual. Sin embargo, ese equilibrio se quebró hace más de un año y medio. En la actualidad, la mayoría de las empresas del sector funciona a pérdida, sosteniendo la actividad solo para no cerrar sus puertas.
El impacto ya se extiende a toda la cadena de valor, desde proveedores de insumos hasta comercios minoristas. Con una demanda que no logra recuperarse y márgenes que no alcanzan siquiera para cubrir los costos de reposición, el sector enfrenta un dilema crítico.
Los próximos meses serán determinantes para definir cuántas industrias podrán resistir en este contexto. De no revertirse la tendencia, advierten los empresarios, el daño podría volverse irreversible y afectar de lleno al empleo y al entramado productivo de la provincia.


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